Para que el Conurbano recupere su dignidad

El conurbano bonaerense es la región metropolitana más grande del país, y es la tercera de Latinoamérica. En esta región vive más de la cuarta parte de la población de la Argentina, y explica cerca del 50% del PBI nacional.Frente al actual contexto electoral, del mismo modo que durante los últimos quince años, el conurbano aparece como una “caja de resonancia” de los conflictos políticos y sociales nacionales. Mucha gente habla del “problema del conurbano”, como si en sí mismo fuera un único problema, pero con poco conocimiento de su realidad y de las características de sus desafíos.
Mi vida política y mi militancia social está especialmente dedicada a contribuir a solucionar dos problemas sensibles del conurbano: el de las mujeres y el de los jóvenes, niños/as y adolescentes. Muchas veces, en los medios de comunicación y en el discurso de muchos políticos, a las mujeres maltratadas y a los jóvenes se los estigmatiza; por un lado a partir de una concepción patriarcal y discriminatoria, y por el otro, a través del problema de la inseguridad y de la droga.
Más allá del problema de la legitimidad al cual se enfrentan las políticas progresistas y basadas en la defensa y ampliación de derechos, el diseño y la implementación de las políticas públicas que se realizan en la Provincia de Buenos Aires desde hace al menos 20 años (es decir, desde que gobierna el justicialismo que hoy lleva dos listas: los gobernadores fueron Cafiero, Duhalde, Ruckauf, Solá y Scioli) son muy deficientes, ineficaces e inconsistentes, y en general contribuyeron a consolidar el marco de desigualdad social, de discriminación y de estigmatización de los jóvenes.
En este sentido, y en relación a la inseguridad, si bien es cierto que hay que desnaturalizar la agenda de seguridad que viene dada por algunos medios de comunicación y por algunos políticos, hay que tratar de incluir otros temas de modo de ir modificando esa agenda y ese abordaje del problema. Pero tan cierto como eso lo es el hecho que no se puede reducir la cuestión de la seguridad a la cuestión social. Hay una tentación riesgosa y es el de la criminalización de la pobreza. Eso es, además, la negación del problema de la inseguridad. Es una perspectiva a la vez ineficaz y discriminatoria.
Volviendo al problema de los jóvenes del conurbano, desde hace 20 años, la Provincia de Buenos Aires no cuenta con un proyecto que convoque a estos jóvenes a poder imaginar otro horizonte de posibilidades, a partir de facilitar la terminación de sus estudios, de vincularlos fuertemente con políticas culturales, deportivas, y de salud (también de salud reproductiva) y de desarrollar políticas muy activas y focalizadas que les brinde la posibilidad del primer empleo (no precarizado) y que no los sometan a vivir en el hacinamiento y de ese modo a “tirarlos” a la calle, donde son sometidos a la violencia y a la droga.
Un ejemplo de la desidia del actual gobierno provincial y de los gobiernos municipales del justicialismo es el desfinanciamiento de la salud, en particular de las salitas de atención primaria: hoy no sólo se cuentan con menos especialistas, sino también que muchos de los cargos que surgen de esas salitas no son ocupados por especialistas sino por punteros improvisados que no saben enfrentarse a semejantes problemas. En los últimos dos años, se produjo en los municipios del Conurbano, renuncias en masa de médicos especializados porque sus sueldos se encuentran entre los más bajos y precarizados de la planta municipal. Con contratos precarios, los trabajadores de la salud están “de paso” y de ese modo se les impide lograr la estabilización en un mismo lugar con el consiguiente conocimiento del barrio.
El Estado Provincial y los municipios mal gobernados se enfrentan de modo muy ineficaz y equivocado a los dos fenómenos determinantes que en los últimos años han pasado en el conurbano. El primero tiene que ver con las adicciones –en especial el “paco”–, que se ha incrementado mucho. Es un problema central en el conurbano bonaerense, especial, pero no únicamente, para jóvenes, para pobres y para no pobres. El segundo es el problema del hacinamiento, y esto también tiene que ver con el fenómeno del embarazo adolescente, que es un problema que hay que seguir con énfasis y con políticas activas. Las mamás adolescentes hoy viven en la misma casa que su mamá y papá, quizás también con el novio, hasta probablemente con algún abuelo, y eso genera el problema del hacinamiento, y de tensión en la casa, también con la ocupación de tierras, y con estrategias múltiples de encontrarle la vuelta a conseguir plata de la manera que cada uno pueda. Hoy esa mamá adolescente está destinada a no terminar su estudio.
Un chico que vive hacinado en la casa, va a la calle, a “la esquina” y empieza a consumir porque sus referentes inmediatos de la calle consumen, y el que no consume queda afuera de todo. Y si empieza a consumir, rápidamente se queda sin plata y se endeuda. Ahí aparece un vivo tratando de cambiarle la deuda por el reparto y la venta, y así ese chico se hace vendedor. El pasaje de víctima a victimario es muy cortito, en tiempo y espacio: en unas semanas, y a una cuadra y media de su casa. Es muy poco tiempo, y hoy respecto a eso se hace poco y nada.
La Provincia de Buenos Aires tiene 400 mil jóvenes que no estudian ni trabajan. Chicos que no tienen nada que hacer y están afuera de todo, apenas enganchan alguna changuita, o entran y salen de la escuela de acuerdo a los días que trabajan, a sus posibilidades económicas o a sus ganas. Los jóvenes duplican o triplican los indicadores más problemáticos: si hay un 20% de pobres, el 40% son jóvenes. Si hay un10 % de desocupación, en los jóvenes es el 30%.
A esos chicos no se los puede apuntar con el dedo: con ellos hay que tener, además de iniciativas sólidas e inmediatas para el tratamiento de las adicciones para los que cayeron en la droga, políticas para que vuelvan al colegio, y para que puedan tener su primer trabajo. El crecimiento económico que se dio en los últimos años tuvo beneficios dispares: gran parte de la población quedó afuera, y año a año se rompen récords de deserción escolar, sobre todo entre los pobres del conurbano. En parte, por esto desde el Acuerdo Cívico y Social sostenemos que el mayor desafío al cual se enfrenta nuestro país en los próximos años es el de la educación.
María Luisa Storani













vamos con el acuerdo de alfonsin!! tenemos la posiblidad historica de volver a empezar y llevar alegria a la provincia. mucha fuerza para este ultima semana, somos una alternativa seria.
Muy bueno el artículo.
Claramente, el justicialismo y sus aliados (en su momento Cavallo, por ejemplo) es el principal culpable de los males del conurbano, y lo peor es que no se hacen cargo.