Contra la prepotencia del dinero, la fuerza de la militancia.
Esta no será una campaña más. Seguramente será recordada como un quiebre de nuestra democracia, que nos llevará a reflexionar para mejorarla. A las candidaturas testimoniales, luego eventuales, se le suman las irregularidades en el uso de los fondos para la publicidad polìtica. El gobierno kirchnerista ya nos tiene acostumbrados a la utilización de la pauta oficial para hacer campaña, violando toda reglamentación electoral, dejando a las fuerzas de la oposición en franca desventaja. Scioli va inaugurando obras en cada acto de campaña, basta abrir el diario o prender la televisión para ver a Massa, a Randazzo, a Kirchner y al Gobernador, todos sonrientes, cortando alguna cinta o entregando algún subsidio, comentándonos lo agraciados que somos al estar bajo “el modelo”. Igual que lo hacía Menem.
Pero ésta será recordada porque el monopolio del atropello se rompió. Al irrumpir otra fuerza, del mismo partido con los mismos actores pero que se presenta como opositora, que repite las mismas conductas ilegales, exacerbando la figura del dinero y la fama como la única opción para dar a conocer los mensajes en política. Francisco De Narváez comenzó la campaña cuatro meses antes y su argumento es una “avivada” parecida a las que nos tiene acostumbrados Scioli. Dice que al no haber puesto la palabra “diputado”, su publicidad no podría ser considerada política sino de campaña personal. Calcados los dos, uno porque supuestamente sólo informa obras de gobierno y el otro porque hace una campaña personal, tienen en común su actitud con la justicia, la de no interpretar la ley de buena fe y tratar de identificar el hueco por donde mandarse. La plata es toda - toda de De Narváez, como le gusta decir a él. Como las empresas de publicidad, las radios y los canales de TV, casi todos de origen menemista. No son parecidos, son iguales.
Esta reflexión, lejos de victimizarnos nos agranda. La estética se presenta definiendo los valores. No podríamos hacer campañas “personales” porque somos un colectivo, partidos políticos que nos juntamos con un plan legislativo concreto. Tampoco podríamos ir cortando cintas en campaña porque cuando nos tocó gobernar nunca raptamos a los pobres. Es que en política, como en la vida, el formar parte de un proyecto colectivo te origina fuerzas y emociones únicas, irreproducibles de manera individual. El llegar a un pueblo o a un barrio, acercarse al comité, conversar con los militantes y ver el esfuerzo de campaña, eso no tiene precio. Concebimos la política de una forma diferente. Para nosotros la campaña es otro punto de encuentro con los militantes políticos y sociales en busca del bien común, justo lo que el dinero no puede comprar. Vamos a los actos a encontrarnos, a escuchar mensajes.
Sólo queda un mes, vamos a multiplicar el esfuerzo en cada rincón de la provincia, acercando nuestras propuestas, dialogando con los vecinos, escuchando a nuestros referentes barriales. Esa es la verdadera fuerza del cambio que ya se siente, como nos enseñó Raúl Alfonsín a militar por más democracia. Para más adelante quedará este debate para que la política no sea solamente para los ricos, y que los que no lo son, para poder jugar el partido, roben. Somos la única opción a esta falsa antonomia. Es el cambio que nos pide la gente por estos días, que la política vuelva a ser decente, es lo que se va a expresar el 28 de junio.
María Luisa Storani












